Soy una chica de 26 años, me considero alegre, muy simpática y sobretodo amante de los niños razón por la que estoy ahora mismos inmersa en esta aventura.
Mi mayor motivación han sido los niños las ganas de aportarles todo sobre mí y a la vez ir aprendiendo de ellos. Sabía desde un principio que me dedicaría a la enseñanza. Quiero ser profesora y ahora más que nunca por haber experimentado la sensación de sentirme alguna vez profesora lo hice en mis primeras prácticas de educación infantil me dieron la oportunidad de realizarlas en un cole con niños de tres años. Todavía recuerdo el primer día que llegue a clase, el miedo que sentía ante lo desconocido. Cuando vi a esos 25 niños fue como una inyección de adrenalina desapareciendo todos mis temores. Unos de los días que recuerdo con especial cariño fue el primer día que tuve que desarrollar mi unidad didáctica, ahí fue cuando me sentí profe de verdad. Todavía recuerdo la sensación cuando titubeaba, no me salía la voz del cuerpo, pero poco a poco logré hacerme con las riendas de la clase. Fue una experiencia inolvidable, el sentir que puedes ayudar a muchos niños a realizarse como persona.
Cuando llegamos al aula nos damos cuenta que tenemos claro el modelo del profesor ideal, pero no sabemos cómo hacerlo realidad, lo peor que podemos hacer es seguir el patrón de profesor ideal porque vamos comparado cada día las limitaciones que tenemos y llegaría a ser frustrante.
Se que me queda un largo camino por recorrer y me encontraré muchísimas piedras por el camino pero con la admiración que siento por los niños me ayudaran a seguir para delante saltando todo tipo de optáculos. Creía que cuando me viera en un aula con niños delante no iba a ser capaz de dar una clase pero sorpresa mia si logré dar una clase. Me doy cuenta que todo va cambiando pero la esencia de las aulas nunca se pierde aunque estemos rodeados de cambios y de adelantos.
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